Nuestra fundadora: María Rivier

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Nace en Montpezat (Francia) en 1768. Inválida como consecuencia de una caída, durante cuatro años pide a la Santísima Virgen que le cure. "Si me curas, te traeré niñas, les daré clase y les diré que te amen". Es el comienzo de su vocación educadora. A los dieciocho años abre una escuela en Montpezat a pesar de las reticencias de su párroco, y muy pronto se gana la confianza de todos.

Todos los días después de la clase reúne a las jóvenes para darles una formación humana y cristiana, inicia en la oración a las terciarias dominicas y franciscanas y acepta también preparar a las mujeres para las fiestas religiosas. Durante la Revolución Francesa, en la que cualquier acto religioso se considera sospechoso, convoca en secreto las asambleas dominicales. Pequeña y débil, María Rivier se siente responsable de la fe de su pueblo.

El deseo ardiente de compartir su amor por Jesús la llena de audacia. En 1794, deja Montpezat y va a Thueyts, un pueblo cercano. Cuando se suprimen las Congregaciones religiosas, se dispersa a los religiosos y se cierran las iglesias al culto, ella llama a otras jóvenes y les dice: "Juntémonos y (demos clase y) abramos una escuela". Así, el 21 de noviembre de 1796 nace una nueva familia religiosa: la Presentación de María. La escuela será el medio privilegiado para anunciar a Jesucristo a los niños y jóvenes, sobre todo a los más desfavorecidos. María Rivier arde en deseos de anunciar a Jesucristo por doquier, mucho más allá de los valles de Ardèche, cumpliéndose así su palabra profética: "Un día mis hijas surcarán los mares". Cuando muere el 3 de febrero de 1838 ha fundado ya 141 escuelas.

La vida de María Rivier, la realización de su obra, no son más que la larga historia de su gran confianza en la Virgen María. Su celo de apostol, su profundo sentido de Dios, su amor a Jesucristo y a los pobres trascienden la moda y el tiempo. Por eso esta mujer extraordinaria es plenamente actual, testigo para su época y para nuestro tiempo.